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Retail de resistencia

Retail de resistencia

Eduardo Solana

associate architect de Broadway Malyan

Sin embargo, hace unas semanas el mundo cambió de golpe. De la noche a la mañana, nadie podía, ni quería, salir de casa. Hacer la compra se convirtió en una actividad estresante inserta en un entorno hostil. En este escenario distópico, donde solo los supermercados y algunos servicios esenciales permanecían abiertos, nuestra preocupación principal era usar correctamente la mascarilla y el gel hidroalcohólico y limpiar bien los productos al llegar a casa. La sensación que nos quedaba, tras conseguir llenar la despensa una semana más, es la de haber sobrevivido a una expedición al Amazonas.

Mientras despertamos de esta pesadilla colectiva, nos preguntamos si todo va a quedar en el mal sueño de una noche y podremos retomar nuestros debates sobre el retail futuro y la experiencia del cliente en la ahora bautizada como “nueva normalidad”, o si se impondrá un futuro menos amable, con crisis sanitarias sucesivas y cierres temporales o parciales de los espacios comerciales, en el que la experiencia del usuario sea un aspecto irrelevante. La crisis económica, con un impacto enorme (y desigual en función de los distintos niveles de renta), es ya una realidad que nos preocupa. Nuestra misión ahora como arquitectos es analizar cómo resolver el diseño de espacios para retail y ocio en ese escenario.

No necesitamos especular demasiado sobre él: durante el encierro, todos hemos sido parte de un experimento en tiempo real que nos da suficientes datos. Acostumbrados a ordenar las actividades que suelen ubicarse en cualquier zona comercial (el mix comercial), nos hemos encontrado una clasificación desconocida hasta ahora. Los negocios más resilientes, como los de primera necesidad (supermercados, farmacias, gasolineras), han permanecido abiertos desde el inicio del confinamiento e incluso, en algún caso, con más actividad de lo habitual. En fases posteriores se ha permitido la apertura controlada de locales de conveniencia, moda, servicios y restauración en exteriores. Sólo en etapas avanzadas ha sido posible reabrir centros comerciales climatizados o locales de ocio, sin tener demasiado claro cuándo se debe permitir la vuelta a la actividad de cines y teatros.

¿Qué ha ocurrido en el escenario urbano?

Analicemos un ejemplo concreto muy urbano del entorno de Madrid: la zona sur de la ciudad, entre Madrid Río y Méndez Álvaro. En este ámbito conviven dos grandes centros comerciales con tipología de centro cerrado (Plaza Río 2) y department store (Hipercor de Méndez Álvaro), respectivamente. Ambos se encuentran en áreas urbanas consolidadas y dentro del área de movimiento de un kilómetro de grandes zonas residenciales. La distancia de un kilómetro no solo ha sido el mayor desplazamiento permitido a pie en las fases iniciales del confinamiento, sino que también, en un escenario libre de pandemia, coincide aproximadamente con la distancia abarcable a quince minutos (fifteen minutes walk) que se está debatiendo como límite óptimo para el movimiento en una ciudad más humanizada. Paradójicamente, en situación de confinamiento ninguno de los dos centros comerciales pueden aprovecharse de estas circunstancias, porque su condición de espacios cerrados de pública concurrencia obliga a su clausura hasta fases avanzadas del desconfinamiento, y una vez abiertos, tienen limitaciones grandes para operar con normalidad. Tampoco es fácil el acceso en vehículo privado (el click & collect es una forma de compra más segura en términos sanitarios).

Por el contrario, las calles comerciales, ocupadas por el comercio de proximidad y los supermercados de alimentación, permanecieron abiertas desde las primeras fases del confinamiento, y los primeros locales de usos no esenciales a los que se permitió operar se ubican también en estas arterias. Surgieron algunas iniciativas interesantes, como la puesta en marcha de servicios de reparto asociados a mercados de barrio. La calzada pasó de estar ocupada por coches y autobuses a ser el dominio casi exclusivo de Deliveroo, Glovo y otros servicios de reparto a domicilio.

Si cambiamos de este escenario eminentemente urbano a un entorno periurbano, como el entorno de Parque Oeste y Las Retamas, entre Alcorcón y Móstoles, el panorama ha sido muy diferente. Los grandes desarrollos comerciales (en este caso Parque Oeste) están conformados principalmente por grandes unidades de retail de más de cuatrocientos metros cuadrados, y por consiguiente se cerraron inmediatamente. El acceso a estos espacios se produce casi en su totalidad mediante el vehículo privado. Esto último puede ser una ventaja en fases intermedias al permitir el click & collect; sin embargo, el traslado a pie es prácticamente inviable debido a las grandes distancias entre las zonas residenciales del área y los espacios comerciales, así como por la existencia de barreras físicas insalvables (ferrocarril, grandes ejes de comunicaciones). Incapaces los espacios de retail de proporcionar su servicio habitual durante el confinamiento, se impuso la ley del e-commerce y de la entrega a domicilio.

¿Cuál sería el modelo ideal en circunstancias normales y en tiempos de crisis sanitaria? 

El desarrollo “a prueba de pandemias” debería ser un centro comercial urbano abierto, con un mix revisado, que incluya mayor proporción de locales pequeños en ámbitos bien diferenciados y con funcionamiento independiente de cada tienda (ello permitiría abrir a cada local de forma individual, con acceso directo desde el exterior). En él adquieren importancia el supermercado y las tiendas de conveniencia. Las zonas de restauración y ocio estarían relativamente segregadas (o deberían ser segregables). Los espacios peatonales abiertos cobran importancia, al tener que proporcionar un entorno suficientemente seguro y amplio como para que existan zonas de espera en el exterior de los comercios. El coche privado virtualmente desaparece de estas zonas principales, aunque deberán existir mecanismos que permitan integrar el modelo de compra en coche tipo click & collect