El cambio más significativo es la desaparición de las barreras que delimitaban una u otra categoría comercial. Los formatos clásicos se han ido adaptando a las necesidades del cliente, y una consecuencia de esa adaptación es la convergencia de las diferentes tipologías. El formato más simple en el pasado, el parque comercial, era el que tenía mayor recorrido y lo está aprovechando en un mercado maduro para otras modalidades comerciales.
En segundo lugar, el sector minorista está en permanente adaptación de la oferta a las necesidades de la demanda. Las aperturas continúan, pero los operadores más activos van cambiando: si antes eran las grandes superficies las que dominaban el mercado, hace un tiempo que tomaron el relevo las cadenas low cost en todas las actividades comerciales, debido al deterioro de la capacidad adquisitiva de las nuevas generaciones.
Como consecuencia, la disponibilidad de superficie comercial exige un reposicionamiento constante. A veces, en forma de ampliación; otras, siento necesaria la reducción de superficie comercial y la implantación de usos mixtos (coworking, clínicas, hoteles, oficinas, residencias); o, en muchos casos, mediante la reforma y adaptación del mix comercial.
Por otro lado, los operadores consolidados tratan de adaptarse a las nuevas tendencias para mantener su cuota de mercado en un entorno cada vez más competitivo: áreas destinadas al mercado de segunda mano, uso de realidad virtual, entregas a domicilio en tiempo muy reducido con la optimización de la última milla, conceptos más experienciales compartiendo diferentes actividades bajo un mismo techo, reparaciones en talleres propios o con servicio a domicilio, etc.
La transformación del sector es el resultado de su evolución natural, como en cualquier industria. Sin evolución, no hay futuro.