La transformación digital ha mejorado la operativa de los centros comerciales, pero también ha multiplicado los puntos de entrada para posibles ciberataques. Aparcamientos, aplicaciones móviles, sistemas de pago, pantallas digitales o redes wifi forman parte de un ecosistema cada vez más conectado, donde una brecha de seguridad puede afectar tanto a la actividad como a la reputación del activo.
Esta evolución centró la intervención de Javier Espejo, CISO de KUO y miembro del equipo técnico de Dacor Intelligence, durante el Desayuno Editorial ‘El Centro Comercial Protegido’, organizado por la Revista Centros Comerciales, medio de la Asociación Española de Centros y Parques Comerciales (AECC), en las oficinas de Nhood, y patrocinado por Aussa. A su juicio, el sector está dejando atrás una respuesta principalmente reactiva para adoptar medidas orientadas a anticipar las amenazas y contener sus consecuencias.
El principal desafío deriva de la creciente integración entre infraestructuras. Aunque facilita la gestión diaria y mejora la experiencia del usuario, también permite que un atacante pueda acceder a distintos servicios una vez vulnerado uno de ellos. “La interconexión es un problema que está ocurriendo en todas las industrias porque los sistemas no están aislados”, señaló.
Ese diagnóstico coincide con el aumento de la actividad maliciosa en el entorno digital. Según un informe de Transparent Edge, los ataques dirigidos al vector web crecieron un 31,6% durante el primer semestre de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que la densidad de tráfico malicioso por cada millón de peticiones aumentó cerca de un 38%.
Para evitar que una intrusión localizada comprometa el conjunto del activo, defendió la segmentación de los sistemas, de modo que el acceso a una cámara de seguridad, por ejemplo, no abra la puerta al resto de las redes o servicios críticos. Se trata de compartimentar las infraestructuras para contener el ataque desde su origen.
Espejo ilustró esta vulnerabilidad con casos detectados en aplicaciones de aparcamiento susceptibles de manipulación, pantallas digitales en las que podrían difundirse contenidos no autorizados, sistemas de pago, dispositivos móviles o accesos wifi. “La exposición es brutal”, afirmó, antes de advertir de que “la cantidad de vectores, tanto internos como externos, es prácticamente infinita”.

El sector, no obstante, ha elevado su nivel de concienciación, en buena medida porque una protección insuficiente puede traducirse en pérdidas económicas, interrupciones de la actividad y daños reputacionales, cuyo alcance se amplifica rápidamente a través de las redes sociales.
También alertó sobre la normalización de las brechas de seguridad, que puede generar una peligrosa sensación de resignación. “Hay un problema muy grave: que nos acostumbremos”, advirtió, al considerar que la reiteración de estos ataques no debe llevar a asumirlos como inevitables.
Aunque todavía existe margen de mejora, el avance hacia una gestión más preventiva muestra que la ciberseguridad empieza a integrarse en la operativa ordinaria de los centros comerciales. El reto ya no consiste únicamente en evitar cualquier intrusión, sino también en anticipar las amenazas, detectarlas cuanto antes e impedir que se propaguen por el resto del sistema.